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Letras Dobles del Hebreo y TarotLetras Dobles

 

Letras Dobles y el Tarot

Las 7 letras dobles corresponden a un sonido positivo fuerte y otro negativo suave, y a su vez, con los 7 planetas sagrados de la antigüedad.

Letra
Hebrea

Nombre de la Letra

Significado de la letra en función del Arcano Mayor

ב

Beith

La segunda letra-fuerza es el Beith. En el Beith se produce una condensación, una interiorización de la luz de Aleph. El Séfira que la representa es Hochmah. Representa la etapa de interiorización del designio divino. Toda energía, para ser manifestada en un plano cualquiera, necesita pasar por una interiorización; debe llenar el receptáculo a través del cual ha de expresarse, antes de que pueda derramarse al exterior. Esa condensación de la fuerza divina produce el amor. A nivel humano, es el amor no revelado, del que no hemos tomado aún conciencia, pero que actúa en nuestro interior produciendo fidelidad a la ley, -en la humano, a una persona. El Beith tendrá, pues, la virtud de hacernos obedientes al propósito divino, pero sin ser conscientes de la existencia de tal propósito.

Entre los elementos, el Beith representa el segundo estadio del fuego, que podemos definir como iluminación interior. Es el choque luminoso que, al vaciarse en nuestro fuero interno, nos purifica y transmuta. En el ciclo zodiacal, el Beith corresponde al signo de Leo, que es el segundo signo de fuego y también nº 2 en el orden de la manifestación zodiacal. En el orden planetario, Beith corresponde a Urano, primero de los planetas emanados de la nebulosa central representada por Kether-Sol oculto.

En el Tarot, el Beith aparece bajo la forma de la Sacerdotisa, figura femenina que expresa la espiritualidad en forma pasiva, es decir, interiorizada. El Beith simboliza una casa, una morada y es el arquetipo primordial de todas las moradas, de todos los recintos que la vida necesita para manifestarse. Como morada primordial es el vientre femenino en el que el nuevo ser prepara su existencia. Su lugar natural en un juego es la posición He (2). En cualquier otra posición, indicará que algo está alterado en relación con el objeto de la consulta.

ג

Ghimel

La tercera letra-fuerza es el Ghimel, que representa la exteriorización de las energías del Aleph concentradas en el Beith. El Séfira que la representa es Binah. A través del Ghimel, el designio divino se exterioriza, se hace visible, siempre utilizando al hombre como instrumento inconsciente, de modo que en esa primera etapa, representada por las tres primeras letras, en el Aleph Dios hace concebir al hombre un propósito que él ignora y lo impulsa a actuar de acuerdo con él; en el Beith hace que el hombre, con su modo interno de comportarse, sea obediente a ese propósito, y en el Ghimel lo exterioriza a través de sus obras, de sus palabras, de su mente, de su acción social. Para que esa exteriorización sea posible, el hombre deberá adaptarse al contexto social, humano, en el que se halla inserto. La ley de Binah, de la renuncia o limitación, será activa en el Ghimel.

A nivel de elementos, el Ghimel representa el tercer estadio del fuego, que podemos definir como luz que se proyecta para convertirse en creación. En el ciclo zodiacal, el Ghimel corresponde al signo de Sagitario, que es el tercer signo de fuego y también el nº 3 en el orden de manifestación zodiacal. En el orden planetario, el Ghimel corresponde a Saturno, segundo de los planetas emanados por la nebulosa central. Saturno realiza con las fuerzas del Ghimel funciones formadoras, convirtiendo la luz en realidades tangibles, creando situaciones concretas, las cuales son administradas por su "hijo" Júpiter, que es el regente de Sagitario.

En el Tarot, el Ghimel aparece bajo la imagen de la Emperatriz, imagen femenina que indica que el Ghimel actúa a través de la imaginación, que es una fuerza femenina y que es con ella que se efectúan las cristalizaciones en el mundo material. En las escuelas iniciáticas, el Ghimel, es decir, la letra G, aparece en el centro de un triángulo. Ya dijimos que el triángulo es la primera figura tangible que ofrece una forma concreta. Dios no creó el universo inferior en el que nos movemos hasta que su tercer centro, Binah, no entró en actividad. La tercera letra ha de ser, pues, indicadora de creaciones a nivel inferior.

ד

Daleth

La cuarta letra-fuerza es el Daleth y representa el resultado tangible de la acción de las tres fuerzas anteriores. La vida se ha modificado tras la acción del Ghimel, y el Daleth refleja el resultado de esa modificación. Cuando nuestra situación en el mundo cambia, cambian igualmente nuestras perspectivas de acción futura, de modo que el Daleth, reflejo de esa situación, es al mismo tiempo un resultado y un portador de gérmenes nuevos, al igual que la fruta, que constituye el producto elaborado terminal de un ciclo, pero que al mismo tiempo contiene la semilla portadora de futuros frutos. El Séfira que representa al Daleth es Hesed, el Centro de la abundancia paradisíaca.

En ese estadio, el hombre toma conciencia de su obra y de sus poderes, al ver ante sí el fruto tangible de su anterior actuación inconsciente. Hesed-Daleth representan, pues, el inicio de un nuevo ciclo, el segundo, y, por lo tanto, en esta letra, igual que en el Séfira, se encuentran interiorizadas las virtudes ígneas de Kether, por ser la primera letra de un nuevo ciclo, y las virtudes acuosas de Hochmah, por formar parte del segundo ciclo. Agua y fuego combinados dan esa abundancia y plenitud que el Daleth representa.

A nivel de elementos, el Daleth representa el punto de transición entre el fuego y el agua, entre el ciclo que termina y el nuevo ciclo que empieza. En el orden de los fenómenos naturales el Daleth sería el agua del cielo, las aguas dulces de las que tanto hablan los cabalistas, las nubes antes de precipitarse bajo la acción de la letra siguiente. En el ciclo zodiacal, el Daleth corresponde a la transición de Sagitario a Cáncer, primer signo del ciclo de agua. En el orden planetario, el Daleth corresponde a Júpiter, tercero de los planetas emanados de la nebulosa central.

En el Tarot, el Daleth aparece bajo la imagen del Emperador, sentado, es decir, en posición estable, indicando un poder que emana de la voluntad, atributo masculino. Con el Emperador queda cubierta la etapa de los propósitos, correspondiente al mundo cabalístico de las emanaciones.

כ

Khaf

La undécima letra-fuerza es el Khaf. Si el Yod representa la interiorización del pensamiento divino en el hombre, el Khaf corresponderá a la etapa de exteriorización de ese pensamiento. Sus funciones serán análogas a las de Ghimel y del Zain en sus respectivos elementos, o sea, realiza funciones Vav, y en la tabla alfabética vemos que el Khaf se sitúa justo debajo del Beith. Dijimos al hablar del Beith que constituía la primera interiorización de la esencia divina; el Khaf será, en este nuevo ciclo, la puerta natural de salida de esta esencia. O sea: el Beith realiza funciones de He y el Khaf, situado debajo, es el Vav de este He. Esto hace que las energías primordiales encerradas en el Beith sólo pueden ser evacuadas conscientemente por el hombre a través del Khaf, puesto que en la exteriorización que se produce en el Ghimel, letra que sigue al Beith, el hombre es instrumento inconsciente, simple herramienta en manos de la divinidad.

El Khaf representa, pues, la tercera fase del aire, la de exteriorización de los contenidos de la mente. En el ciclo zodiacal, el Khaf representa a Géminis y recibe de él su fuerza diseminadora. En el orden sefirótico, el Khaf corresponde a Hochmah en el segundo ciclo, el de creaciones, regido precisamente por Hochmah, de igual modo que el primer ciclo de nueve letras está regido por Kether. Esa doble presencia de Hochmah en el Khaf hace que el amor divino se exprese en esta letra con mucha fuerza, acompañando la exteriorización del pensamiento por parte del hombre de ese amor que magnifica todas las cosas y que les da sentido y trascendencia.

En el Tarot, el Khaf está representado por la lámina nº 11, en la que aparece una señora abriendo sin el menor esfuerzo las fauces de un león sentado mansamente a sus pies. La lámina lleva el nombre de la Fuerza. Muchos estudiosos del Tarot, al ver aparecer un león en la carta, le atribuyen una correspondencia con el signo de Leo. En realidad, tal como lo acabamos de explicar, el Khaf es la puerta de salida de las energías encerradas en Leo-Bieth, y en esta carta, la fuerza moral y la fuerza mental se juntan para transformar el mundo.

פ

Phé

La decimoséptima letra-fuerza es el Phé. El Phé está libre de toda dependencia zodiacal y puede decirse que es una creación enteramente sefirótica. En la tabla de letras hebraicas, vemos que el Phé se sitúa debajo del Heith (8), del cual dijimos que representaba la inspiración por cuanto unía la plenitud de los sentimientos con un pensamiento en ciernes. Si el Heith es la inspiración, el Phé es el soporte material con el que manifestarla, es decir, la palabra.

El Phé es el verbo creador a nivel humano. En el ciclo sefirótico, corresponde a Hod en su segundo ciclo, y si en el primero Hod-Mercurio comunicaba al Heith sus cualidades negativas, como He que es del mundo cabalístico de formación, en este segundo ciclo le comunica las cualidades Vav o, mejor dicho, el Phé es el Vav de Hod, el que participa de una manera activa a la revisión del universo, no contentándose con formular una crítica sobre el funcionamiento de las cosas, sino utilizando la palabra para cambiarlas.

En el Tarot, el Phé está representado por la lámina nº 17, que lleva el nombre de la Estrella. Hasta la letra 16, las fuerzas expresan un estado de energía que desde el Aleph se ha ido degradando hasta el Samekh, para retornar a su estado primordial con el Ayn. A partir de la letra-lámina 17, las fuerzas expresan cualidad, una facultad de ser.

ר

Reish

La vigésima letra-fuerza es el Reish. Por su situación en la tabla vemos que el Reish es la tercera fase del Beith, la cual, siendo la primera fuerza He, encuentra en el Khaf su Vav y en el Reish su segundo He-Yod. Diremos, pues, que en el Reish la fuerza espiritual acumulada en el Beith renace en forma de semilla productora de un nuevo universo.

En el Reish, el hombre toma conciencia de la vida divina. A través de los diecinueve estados anteriores, ha ido acumulando experiencias, ha adquirido virtudes que lo han acercado a la fuente primordial de la vida, pero es en el Reish cuando la divinidad penetra conscientemente en él como semilla productora de una forma de vivir que, a partir de ese punto, ha de ser radicalmente distinta. Si en la etapa anterior, la de Qof, el individuo descubría sus poderes, ahora le serán ofrecidas las circunstancias en las que utilizarlos.

Al tercer día resucitó, dicen las sagradas escrituras: el Reish representa ese tercer día, en el tercer ciclo, en el que lo que parecía muerto resucita, en el que todo cobra una nueva vitalidad. Lo que en el Beith estaba profundamente enterrado en el inconsciente del individuo, aquello que empezó a exteriorizarse en el Khaf de una manera mundana, es en el Reish resurrección de la espiritualidad, manifestándose como la semilla que redimirá el mundo, es decir, nuestro pequeño mundo personal. La fuerza regeneradora del Reish rendirá caducos los valores por los que se guiaba nuestra vida y entronizará un nuevo sistema de valores. Aquí, el hombre profano baja a la tumba y resucita de ella la personalidad sagrada. En las antiguas escuelas iniciáticas, el Reish significaba la etapa del gabinete de reflexión, donde se encerraba el neófito, se le despojaba de sus metales y se le invitaba a renacer en un mundo en el que sus monedas ya no tenían curso.

En el Reish, Binah, regente del ciclo, une sus fuerzas a las de Hochmah, regente de la letra y de esa unión en el tercer ciclo, o sea, el ciclo Vav, resulta que Hochmah devuelve a Binah la luz que ésta le cediera en el estado creativo inicial; de ahí que en ese nuevo mundo renazca la pureza, renazca Abel como fuerza activa, estructuradora del nuevo universo que empieza.

En el Tarot, el Reish está representado por la lámina nº 20, que lleva el nombre del Juicio. En ella vemos cómo un Ángel toca la trompeta y tres muertos salen de sus tumbas, expresando así el proceso que acabamos de describir.

ת

Tau

La vigésimo segunda letra-fuerza es el Tau. Representa el espacio final de la perfección. Se encuentra situada, en la tabla alfabética, en la vertical de Daleth, que representa el fruto de la acción divina sobre la materia humana inconsciente. Este fruto ha plantado a su vez semillas en el Mem y, de lo divino de Daleth y el trabajo humano material de Mem, se pone en marcha ese su remo motor que es el Tau, regido por el paradisíaco Hesed. Lo humano y lo divino que le viene por la vertical y por la horizontal buscan el Paraíso, no ese Edén material con el que sueñan los hombres en las primeras espirales del sendero, sino ese auténtico Paraíso perdido en el que el hombre era rey de la Creación y mandaba sobre las demás especies. El Tau es la perfección de perfecciones. Tras ella, se produce el retorno a la unidad, el Aleph. En la tabla alfabética figuran otras cinco letras unidas con unas líneas de puntos a las letras-madre. Se trata del Khaf, Mem, Noun, Phé y Tsade terminales. Es decir, cuando esas letras se encuentran en la terminación de una palabra, su sentido se modifica.

En el Tarot, el Tau está representado por la lámina 22, que lleva el nombre del Mundo. En ella vemos una representación simbólica de los cuatro elementos, con una figura femenina encercada por una corona. El Mundo indica que algo ha alcanzado su pleno desarrollo y, por lo tanto, tras esa perfección vendrá su inevitable desmantelamiento y el comienzo de un nuevo ciclo.

Trata de asociar a continuación, el significado de la letra hebrea con el correspondiente Arcano.

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