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Letras Simples y el Tarot
Las 12 letras simples hebreas se corresponden con los 12 signos del
zodíaco.
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Letra
Hebrea
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Nombre de la Letra
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Significado de la letra en función del Arcano Mayor
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ה
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He
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La quinta letra-fuerza es el He y representa la irrupción de
un nuevo elemento en las tareas creadoras: el agua, gran
propagadora de la vida universal. El agua, como elemento
filosófico, da lugar a la formación de los sentimientos, de
las emociones, de los deseos. La fruta del Daleth pierde
aquí su carácter de fruta para convertirse en pura semilla.
Como iniciador de un nuevo ciclo, el He se encuentra en
afinidad con el Aleph y si en éste el potencial de las
energías divinas penetraba en el hombre, en el He es el
potencial de los sentimientos el que irrumpe con fuerza en
el individuo, haciéndolo sensible a las realidades emotivas.
El Séfira que representa el He es Gueburah.
En el zodíaco, el He corresponde al signo de Cáncer. Aquí
empiezan las disparidades en el significado de los números
entre el ciclo de 12 elementos, el zodíaco, y el ciclo de
diez, el sefirótico, que hemos señalado en la nota
preliminar de esta lección. Mientras en el sistema
instituido por el Dios de nuestro sistema solar, el segundo
He de un ciclo es al mismo tiempo el Yod de un nuevo ciclo,
el modelo anterior, el zodiacal, tenemos que el He del
primer ciclo y el Yod del segundo están separados: uno es el
fruto portador de semillas y el otro la semilla propiamente
dicha. Se conservan grabados de zodíacos primitivos en los
que aparecen 16 signos en lugar de los 12 que hoy conocemos.
En el Tarot, el He está representado por el Papa, lámina nº
5. La figura del Papa simboliza la Iglesia, la fe, el amor
universal.
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ו
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Vav
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La sexta letra-fuerza es el Vav. En ella, el potencial del
He, que es vida universal, agua pura, sentimientos difusos,
se interioriza, regando todo nuestro ser interno. En el
orden de fenómenos naturales, puede decirse que el Vav es el
agua de los ríos, procedente de las aguas dulces del He,
caídas en forma de lluvia. Es, pues, esa agua que riega la
tierra y que permite que todo crezca con exuberancia, tanto
las buenas como las malas hierbas y, a nivel individual,
tanto los buenos como los malos sentimientos.
El Vav es el agente fecundante macho, el que engendra el
deseo, el que da al deseo la posibilidad material de
existir. Si el He constituye la semilla de los sentimientos,
el Vav representa el arraigo de esos sentimientos en nuestro
interior. El Vav es un Beith a nivel emotivo y si dijimos
que el Beith es el arquetipo de todos los continentes, la
primera de las moradas, podemos añadir que el Vav es el que
constituye en nuestro interior la casa de los sentimientos,
o sea, los sentimientos han hecho nido.
Sin embargo, como letra, el Vav es un puente de enlace entre
dos estados y no existe en lengua hebraica ni una sola
palabra que empiece con el Vav, ya que si su función es
relacionar dos estados entre sí, tiene que existir,
evidentemente, un estadio previo para relacionarlo con el
otro. La idea de morada de los sentimientos y de signo de
enlace parecen inconciliables, pero hay que considerar la
estancia sentimental como una etapa hacia un objetivo
superior.
En el nombre divino, -Yod-He-Vav-He-, encontramos el Vav
entre los dos Hes, transmitiendo vida. Su doble calidad de
trazo de unión entre dos estados y de morada es puesta en
relieve por la vinculación del Vav representa el signo de
Escorpio, plaza fuerte de lo sentimientos. En el árbol
sefirótico, representa al Sol-Tiphereth.
En el Tarot, el Vav está representado por la lámina nº 6 que
lleva el nombre de El Enamorado. En ella aparecen tres
figuras representando a un hombre indeciso entre dos
mujeres.
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ז
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Zain
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La séptima letra-fuerza es el Zain. Su símbolo es una flecha
disparada al aire, virtualmente capaz de dar en todos los
blancos. Por ello dicen los cabalistas que el Zain es una
fuerza disparada a todo lo posible. En el Zain, el deseo que
el Vav ha encerrado en su recinto, se dispara; es decir, se
exterioriza, lanzando al individuo a la conquista del mundo.
No se trata aquí de recuperar el pasado, como sucede en el
estadio Vav, donde las nostalgias del ayer son activísimas,
sino de conquistar, pieza por pieza, lo que se pone por
delante, sea lo que sea, porque el deseo no es una fuerza
selectiva, sino una fuerza que se expande englobándolo todo
indiscriminadamente. El individuo movido por el Zain será
como esa flecha disparada al aire y que lo mismo puede caer
en uno que en otro objetivo.
Vemos, pues, en el estadio agua, como el He ofrece la
materia prima con la que elaborar el deseo. En el estadio
Vav, el deseo se concentra, se constituye en fuerza interior
oscura y fecundante. En el estado Zain, el deseo se
dispersa, se diluye, dejando de ser fuerza para convertirse
en objeto creado por esa fuerza. Es decir, el amor que en el
estadio Vav es un sentimiento que transita por el interior,
en el Zain se ha convertido en conquista de una persona, de
un objeto, y en esa conquista queda agotada la fuerza
interior.
En el orden zodiacal, el Zain corresponde al signo de
Piscis. En el orden sefirótico, el Zain corresponde a
Netzah-Venus. Esa doble vinculación nos permite comprender
mejor la naturaleza de esta fuerza llamada Zain. De Piscis
le viene su cualidad multiplicadora del deseo, puesto que
Piscis representa la etapa de exteriorización del
agua-sentimientos. De Netzah le viene su capacidad formadora
o configuradora de una realidad; le viene su preciosismo, la
búsqueda del detalle suntuoso, del lujo, del placer
refinado. Le viene de Netzah la esperanza de encontrar la
belleza en toda conquista, y de ahí el afán de ir a por
todas, de no despreciar ninguna aventura posible. Así, el
deseo se embellece, se convierte en expresión artística, se
ennoblece y, al ennoblecerse, se justifica a los ojos del
propio interesado, de modo que la etapa Zain será
multiplicadora de vivencias; el individuo no se sentirá
atado a nada, ya que todo compromiso, toda fidelidad,
limitaría forzosamente la expresión de esa fuerza que no
admite limitación ni barreras.
El Zain es una fuerza en analogía con el Ghimel, pero en
Ghimel era el pensamiento divino el que se exteriorizaba.
Aquí es el deseo y éste está regido por el segundo aspectos
de la divinidad, por Hochmah, de modo que aunque esa etapa
de exteriorización pertenezca a las funciones de Binah, a
este Séfira le es más difícil imponer leyes reductoras de
sacrificio y limitación, dado que Hochmah no conoce límites.
No pudiendo imponer el sacrificio en el presente, Binah lo
impondrá en el futuro, de modo que el Zain será siempre
portador de abundante karma: sus aguas son las famosas aguas
amargas de que hablan los cabalistas.
En el Tarot, el Zain está representado por la lámina nº 7,
que lleva el nombre de El Carro. En ella vemos un jinete
montado en una carroza conducida por dos caballos, uno
blanco y otro negro, de los cuales sólo se ven las patas
delanteras. En realidad, se trata de hipocampos, ese mítico
caballo de mar que se mueve en el agua, dominio de las
emociones.
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ח
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Heith
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La octava letra-fuerza es el Heith. Su símbolo son unas
balanzas portadoras de la idea de equilibrio. El Zain, con
su formidable impulso liberador, lo ha desequilibrado todo y
ha convertido la vida del hombre en un descomunal
multicompromiso que ata a las gentes y a las cosas y todo el
mundo tira de él hacia su lado, amenazando con despedazarle.
Volver a una situación de equilibrio es un necesidad vital y
el Heith aparece para cumplir esa función.
El Heith realiza funciones parecidas a las del Daleth, la
cuarta letra que asegura la transición entre el ciclo de
fuego y de agua. Pero la transición que propiciará el Heith
será la del ciclo de agua al de aire. Como fuerza terminal
de un ciclo, las virtudes del elemento que se va, -el agua-,
se encontrarán sublimadas,
de
modo que en el Heith los sentimientos son pura inspiración.
Por otra parte, las virtudes del ciclo que viene, -el de
aire-, aparecen como un presagio, como una intuición. Lo
sublime del pasado y la intuición del porvenir son dos
ingredientes que elevan al individuo a las alturas del arte.
El Heith abre al individuo las puertas de todos los artes
pero, en particular, del arte de vivir, los errores de su
pasado emotivo lo hacen prudente y la intuición de cómo han
de ser las cosas en el futuro lo predisponen a concebir las
leyes por las que los hombres han de regirse.
A nivel de elementos, el Heith representa, pues, la
transición entre el agua y el aire. En el orden de los
fenómenos naturales, el Heith representa la evaporación que
el calor del cuerpo mental produce en las aguas amargas de
mar-emociones-tempestuosas y encrespadas. En el ciclo
zodiacal, el Heith representa la transición entre Piscis y
Libra, primero de los signos de Aire. En el orden
sefirótico, el Heith corresponde a Hod-Mercurio, ese centro
experto en leyes y en rigor. En el Tarot, el Heith está
representado por la lámina nº 8 que lleva el nombre de la
Justicia. En ella vemos una matrona, imagen del segundo He,
que lleva en la mano derecha una espada, símbolo del
discernimiento, del elemento aire, y en la mano izquierda
unas balanzas en el punto fiel.
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ט
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Teith
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La novena letra-fuerza es el Teith, cuya imagen simbólica
representa el asilo del hombre, el techo que levanta para
protegerse, su coraza y, más particularmente, la mujer
primordial, compañera del hombre. El Teith constituye el
punto de arranque de un nuevo elemento, el aire, los deseos
quedan definitivamente atrás y el germen del pensamiento es
plantado. Si el Heith representa el maná cayendo del cielo,
el Teith representa la fase en que el maná es ingerido por
el hombre, o sea, la ley divina es implantada y, como es
lógico, no puede pretenderse que el individuo actúe en
sintonía con ella, puesto que aún no ha sido asimilada y
digerida, pero sí puede tenerse por seguro que en el estadio
Teith el hombre se aleja definitivamente de las emociones y
deseos que habían guiado su vida para sintonizarse con la
luz que viene de arriba.
El Teith realiza funciones parecidas al Aleph y al He, pero
referidas al cuerpo del pensamiento. Es la semilla del
pensamiento plantada en el hombre, la semilla que ha de
hacer florecer en él esa tierra prometida abundante en leche
y miel, o sea, abundante en elementos nutritivos
susceptibles de producir el renacimiento del Paraíso. La
utilización de la mente le permitirá, en efecto, comprender
la obra divina y participar en ella positivamente, como
colaborador consciente del Creador, mientras que en los
ciclos anteriores, en los de fuego y agua, era instrumento
inconsciente en el primero y laboraba en la oposición en el
segundo. La mente protegerá al hombre contra las acechanzas
de sus instintos, como si fuera una coraza, en el primer
techo que él levanta para su propia protección, y de ahí el
símbolo de Teith.
A nivel de elementos, representa el aire como fuerza
primaria, o sea, el cuerpo del pensamiento en tanto que
cuerpo, es decir, sustancia material que permite la
elaboración de formas mentales, del mismo modo que la
materia física nos permite la elaboración de formas físicas
y materiales. En el orden de fenómenos naturales, el Teith
representa el viento que transporta los gérmenes del
pensamiento y los esparce por nuestra Tierra. En el ciclo
zodiacal, el Teith representa Libra, signo cardinal de aire,
signo de la mujer por su oposición con Aries, que es el
signo del hombre. En el orden sefirótico, el Teith
corresponde a Yesed-Luna y de ese centro de vida recoge la
fuerza cristalizante que asegura la interiorización del maná
en el hombre. En Libra tiene lugar la unión de los
contrarios, de lo masculino y de lo femenino, es el "lejano
Oeste" zodiacal, punto en que la luz del Este se coagula en
objetos concretos. El Teith incorpora en él este aspectos de
Libra y Yesod-Luna; potencia la imagen interior de la unión
de opuestos.
En el Tarot, el Teith está representado por la lámina nº 9
que lleva el nombre de El Ermitaño. En ella vemos la imagen
de un anciano envuelto en una capa, en la que oculta un
farolillo con el que alumbra su camino. Es la luz de la
razón que empieza a brillar al final de un ciclo de
experiencias, ya que en el ciclo de 10 elementos, el 9 es el
más viejo, produciéndose tras él el retorno a la unidad.
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י
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Yod
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La décima letra-fuerza es el Yod. En la tabla alfabética
vemos cómo el Yod encabeza la segunda fila de letras,
situándose debajo de Aleph. Con el Yod se produce un retorno
a la unidad, pudiendo decirse que el Yod es un Aleph
interiorizado, o sea, el manantial de vida que en el Aleph
es la simiente de todas las cosas, en el Yod es una fuerza
que actúa desde nuestro interior y que, por lo tanto, nos da
la posibilidad de crear todas las cosas. Diremos así que el
Yod es un Aleph en fase He, es decir, el poder divino
plantado en nuestra tierra humana que es el cuerpo físico,
estableciendo así en nosotros la base racional para la
comprensión de la obra divina, puesto que nada puede
comprenderse si no se lleva dentro la clave que ha de
permitir esa comprensión (Por ejemplo, si hemos aprendido
francés, poniéndonoslo "dentro" de nosotros, entenderemos el
francés que se nos habla desde el exterior).
Si el Teith representaba el punto en el camino en que el
individuo ingiere el maná divino, el Yod representará el
momento de la asimilación de ese maná, o sea, la
incorporación del pensamiento divino en nuestro organismo
físico. A nivel de elementos, el Yod es el aire en su fase
de creación y transformación interna. A nivel de fenómenos
naturales, el Yod representa la fase en que las semillas del
pensamiento, transportadas por el aire, son aspiradas por
los pulmones e incorporadas al organismo físico. En el ciclo
zodiacal, el Yod representa el signo de Acuario y de ese
signo hereda el poder creador que permite construir en la
Tierra los modelos edificados en el cielo. En el orden
sefirótico, el Yod corresponde a Malkuth, pero siendo este
Séfira un Kether en un nuevo ciclo, el de las creaciones
internas, de modo que después de haber elaborado el
escenario cósmico a través de las diversificaciones
primarias de la energía del Aleph, Kether iniciará con el
Yod la fase en que su creación elabora a su vez
interiormente otra creación a imagen y semejanza de la
primera.
En el Tarot, el Yod está representado por la lámina nº 10,
que lleva el nombre de la Rueda de la Fortuna. En ella vemos
la imagen de un monarca de faz simiesca, coronado en la
cúspide de la Rueda, que es precipitado hacia abajo, al
tiempo que eleva a otro personaje que se encontraba en el
cuadrante de ascenso de la Rueda.
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ל
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Lamed
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La duodécima letra-fuerza es el Lamed En el estadio Khaf
hemos visto cómo se exterioriza el pensamiento con el
objetivo de cambiar el orden de las cosas.
Pero al final de esa experiencia el individuo se dará cuenta
de que no es dando consejos a los demás que conseguirá
cambiar lo que pretende cambiar, sino que será preciso poner
las manos en la masa y materializar sus ideas con su propio
esfuerzo. El Lamed representa esa etapa de transición entre
la teoría y la práctica. Sus funciones son parecidas a las
del Daleth (4) y el Heith (8), pero referidas a la
transición entre el ciclo de tierra que empieza. En la tabla
de letras vemos que el Lamed se sitúa debajo del Ghimel,
primera letra que realiza funciones Vav, propias de Binah.
El Lamed se encontrará igualmente bajo la jurisdicción de
Binah en este nuevo ciclo de creaciones y será el segundo He
de Ghimel, o sea, el resultado práctico de la acción divina
expresada a través de Ghimel. Este resultado práctico ha de
impulsar al hombre a realizar una obra concreta en la
Tierra, como Dios la realiza en el cielo. En el ciclo
zodiacal, el Lamed corresponde a la transición entre Géminis
y Capricornio, primer signo cardinal de Tierra.
En el Tarot, el Lamed está representado por la lámina nº 12,
que lleva el nombre de el Colgado. En ella aparece un hombre
colgado de un pie de la rama de un árbol, boca abajo, con la
cabeza tocando la tierra.
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נ
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Noun
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La decimocuarta letra-fuerza es el Noun. Si el Mem
representa la semilla de las construcciones materiales, el
Noun significa el período en que estas semillas germinan en
la tierra, dando lugar a la implantación y fortalecimiento
de lo material. Si en el Mem el hombre disponía de los
materiales para edificar todas las moradas, en el Noun las
edificaciones ya habrán sido hechas y el hombre habrá
elegido su propio recinto, viviendo en él su plena
individualidad. Ahora se encuentra totalmente separado de la
vida cósmica, a la máxima distancia posible de la unidad
divina. El Noun representa la mitad del camino; representa
el punto máximo en que el individuo puede separarse del
Aleph primordial, ya que a partir de ese punto se producirá
el retorno hacia la unidad.
En el ciclo zodiacal, el Noun corresponde al signo de Tauro
, del que recoge el privilegio de la plenitud física, de la
belleza material, heredando de Tauro el deseo de que las
cosas permanezcan tal como son, eternamente con su
inalterable belleza, el bienestar que aportan, la dicha que
producen al contemplarlas.
En el ciclo sefirótico, el Noun corresponde a Gueburah, del
cual hereda la energía reproductora que aporta la
fertilidad. En Gueburah coinciden las fuerzas que separan, y
ese Séfira fue quien separó al hombre del Paraíso terrenal,
y las fuerzas que unen, mediante la purificación. En el Noun
actúan las que separan, creadoras de la individualidad. En
la tabla de letras hebraicas que el estudiante tiene ante
sí, vemos que el Noun se sitúa por debajo de He, letra que
representa el amor universal, significando que ese amor se
ha interiorizado en lo particular, en lo fraccionario, en lo
individual y perecedero. Lo que en el He era amor de todo lo
creado, en el Noun es amor de las propias posesiones; amor
por lo que uno mismo ha generado, trabajado e instituido;
amor por la propiedad privada, por su propio espacio físico
(la persona), por el recinto en que se vive. El Noun es un
He, como el Beith, como el Vav, como el Yod, en su
dependencia zodiacal, pero en ninguno de esos Hes se produce
con tanta fuerza el deseo de no ir más allá, de permanecer
en ese esplendoroso y bonancible espacio material en el que
todas las virtudes espirituales parecen confabularse para
hacer que la estancia en Noun sea como vivir el cielo en la
Tierra.
En el Tarot, el Noun está representado por la lámina nº 14,
que lleva el nombre de la Templanza. En ella vemos a un ser
alado con dos jarros, uno a nivel inferior en su mano
derecha, que recoge los fluidos de otro que se derrama a
nivel superior, empuñado por la mano izquierda, indicando
así que la esencia espiritual pasa enteramente a los objetos
materiales, a los que potencia y da realidad fantástica.
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ס
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Samekh
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La decimoquinta letra-fuerza es el Samekh. Representa el
final del ciclo de los elementos. La plenitud del Noun debe
terminar porque el objetivo de la vida no es conseguir una
felicidad material para el hombre, sino acumular
experiencias que lo hagan perfecto. La luz, que en el Noun
se encontraba profundamente enterrada en la materia, se
exterioriza en el Samekh y fecunda la imaginación. Cuando la
fase Samekh se encuentra activa, las piedras y toda la
naturaleza despiden destellos y el hombre dice que allí yace
oculto un principio que ha de permitirle comprender la
unidad de todas las cosas. Empieza así a analizarlo todo, a
dudar de todo cuanto había creído hasta entonces, a
someterlo todo al ojo escrutador del microscopio. La materia
le sirve para desentrañar una verdad que está más allá de sí
misma.
En el ciclo zodiacal, el Samekh corresponde al signo de
Virgo y de él hereda sus virtudes escrutadoras y la
capacidad de análisis intelectual, así como el afán de
superación de una realidad material que ya no satisface,
como ocurría bajo la égida del Noun. En el ciclo sefirótico,
el Samekh corresponde a Tiphereth y de él hereda la luz que
ha de permitirle desentrañar el misterio de la naturaleza,
así como la voluntad que le permitirá perseverar. En la
tabla de letras hebraicas vemos como el Samekh se sitúa por
debajo del Vav. Vimos al estudiarlo que éste era el creador
del deseo. Aquí, la fuerza del Vav se
vuelve positiva
y recrea en la imaginación.
El Vav era la vía de comunicación entre la luz y las
tinieblas; el Samekh es la vía de encuentro entre los
conocimientos científicos y los conocimientos espirituales.
En el Samekh el sabio de laboratorio y el iniciado a los
sublimes misterios del cosmos se dan la mano.
En el Tarot, el Samekh está representado por la lámina nº
15, que lleva el nombre de El Diablo. En ella vemos a un
diablo que se yergue sobre una piedra cónica, con dos
figuras humanas desnudas atadas a esa piedra con una cuerda
anudada alrededor de sus cuellos. Es una imagen del hombre
encadenado a las realidades materiales y a las fuerzas
superiores.
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ע
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Ayn
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La decimosexta letra-fuerza es el Ayn. Representa la
transición entre el ciclo de la Tierra que ha finalizado con
el Samekh y el nuevo gran ciclo que comienza con el elemento
fuego. Esta transición es la más dolorosa a que pueda verse
sometido un ser humano. Hemos visto que el Daleth (4), el
Heith (8) y el Lamed (12) representaban también una
transición, pero se trataba en ellas del acceso a un mundo
superior y el hombre abandonaba sin pena algo que ya no
podía satisfacerle, con la esperanza puesta en algo mejor.
Aquí, con el Ayn, se trata de abandonarlo todo, porque el
espíritu no puede heredar la materia. Lo que hace el Ayn es
incorporar al gran ciclo que empieza los valores morales y
la quintaesencia de las experiencias vividas en el ciclo que
termina.
En el ciclo zodiacal, el Ayn corresponde a la transición
entre Virgo y Aries, signo de un ciclo. En el orden
sefirótico, corresponde a Netzah en su segundo período de
manifestación, que corresponde a la interiorización de la
belleza, de modo que el Ayn recoge toda la esencia de un
gran período experimental y toda la belleza de un centro de
vida en el que repercuten las esencias de los Séfiras de
arriba, solicitando su entrada en el mundo de formación, en
el que todo adquiere una forma precisa y un contorno
definido. En la tabla alfabética, el Ayn se sitúa debajo de
Zain. Vimos que el símbolo del Zain (7) es una flecha
disparada a todos los blancos posibles. El Ayn representa el
objetivo sublime de esa flecha, el punto en que debe dar la
diana, orientando los deseos múltiples hacia la
espiritualidad.
En el Tarot, el Ayn está representado por la lámina nº 16,
que lleva el nombre de la Torre Fulminada. En ella vemos una
torre decapitada por un rayo y dos personajes que se
encontraban en la cima son precipitados al vacío. La escena
expresa con bastante propiedad lo que hemos apuntado sobre
el Ayn.
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צ
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Tsade
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La decimoctava letra-fuerza es el Tsade. Vemos en la tabla
que el Tsade se sitúa al final del segundo ciclo sefirótico,
correspondiente a Yesod-Luna, el centro productor de
imágenes. Las primeras nueve letras representan en conjunto
la fase Yod, auspiciada por kether, y en ella asistimos al
despliegue de la voluntad, creadora de todas las cosas. El
segundo ciclo de letras, que van de la 10 a la 18,
representan, en conjunto, la fase He, auspiciada por
Hochmah, en la que la sabiduría-amor instituye en los deseos
de la semilla de la voluntad. La siguiente etapa, el Vav,
será de formación, actuando sobre la realidad física.
El Tsade, encontrándose en la etapa final de la
interiorización, es, por así decirlo, la puerta por la que
lo de dentro se vacía hacia afuera, o sea, que el Tsade
anuncia la aparición de fenómenos en el terreno físico. Al
hablar del Teith (9) dijimos que representaba la mujer,
compañera del hombre. Siendo, pues, el Teith el eterno
femenino, el Tsade representa la madre, portadora del fruto
de próxima exteriorización, de modo que, en un sentido
amplio, el Tsade anuncia la facultad de parir.
En el Tarot, el Tsade está representado por la lámina nº 18,
que lleva el nombre de la Luna. En ella vemos una imagen de
la Luna con dos perros ladrándole, mientras en un estanque
el cangrejo lunar anuncia la existencia de una vida
subterránea.
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ק
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Qof
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La decimonovena letra-fuerza es el Qof. Con ella se produce
un nuevo retorno a la unidad, ya que 1+9=10. Se inicia así
el tercer ciclo de letras, regido globalmente por Binah. El
Qof, como el Yod, corresponde a Malkuth-Kether. El soplo
primordial del Aleph se ha interiorizado en el Yod, y en el
Qof es fuerza expansiva controlada, creadora de un nuevo
universo. Si en el Yod, Kether y Hochmah colaboran, uno para
prestarle su fuerza expansiva y el otro para fijarla en el
interior, en el Qof se encuentran activas las virtudes de
Kether, que lo rige, y las de Binah, rectora del tercer
ciclo, es decir, la semilla productora de todas las cosas y
el receptáculo fecundo que ha de producirlas. La forma
latina de la letra Q es la expresión gráfica de este proceso
generativo, ya que en ella encontramos el falo que penetra
en el círculo que representa la matriz cósmica. Así pues, el
Qof recoge la fuerza que en el Aleph se desparrama en todas
direcciones y la proyecta hacia un objetivo concreto. El Qof
es un Aleph en fase Vav y, como tal, como fuerza dependiente
de Binah, tendrá que reducir la intensidad de su luz para
expresarse en el mundo material.
En el Tarot, el Qof está representado por la lámina 19, que
lleva el nombre del Sol. En ella vemos un Sol que derrama
unas gotas de rocío-maná sobre la tierra, donde se
encuentran dos niños inocentes, imagen de la inocencia
reconquistada tras el período de cristalizaciones emotivas,
que termina con el Tsade. La imagen no puede expresar mejor
las ideas que desarrolla el Qof, puesto que el Sol, desde la
perspectiva de nuestra tierra, es el centro productor de
toda vida.
Notemos que el Qof es la letra que encabeza la palabra
Cábala, que a efectos sonoros se escribe indistintamente con
C o con K, pero cuya ortografía correcta es Cábala, que se
traduce por tradición. Vemos así que esa tradición no es una
simple transmisión del conjunto de leyes cósmicas, sino que
es también una Creación en el más elevado sentido de la
palabra.
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Trata de asociar a continuación, el significado de la letra hebrea
con el correspondiente Arcano.
Continúa con Numerología

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