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Letras Simples del Hebreo y TarotLetras Simples

 

Letras Simples y el Tarot

Las 12 letras simples hebreas se corresponden con los 12 signos del zodíaco.

Letra
Hebrea

Nombre de la Letra

Significado de la letra en función del Arcano Mayor

ה

He

La quinta letra-fuerza es el He y representa la irrupción de un nuevo elemento en las tareas creadoras: el agua, gran propagadora de la vida universal. El agua, como elemento filosófico, da lugar a la formación de los sentimientos, de las emociones, de los deseos. La fruta del Daleth pierde aquí su carácter de fruta para convertirse en pura semilla. Como iniciador de un nuevo ciclo, el He se encuentra en afinidad con el Aleph y si en éste el potencial de las energías divinas penetraba en el hombre, en el He es el potencial de los sentimientos el que irrumpe con fuerza en el individuo, haciéndolo sensible a las realidades emotivas. El Séfira que representa el He es Gueburah.

En el zodíaco, el He corresponde al signo de Cáncer. Aquí empiezan las disparidades en el significado de los números entre el ciclo de 12 elementos, el zodíaco, y el ciclo de diez, el sefirótico, que hemos señalado en la nota preliminar de esta lección. Mientras en el sistema instituido por el Dios de nuestro sistema solar, el segundo He de un ciclo es al mismo tiempo el Yod de un nuevo ciclo, el modelo anterior, el zodiacal, tenemos que el He del primer ciclo y el Yod del segundo están separados: uno es el fruto portador de semillas y el otro la semilla propiamente dicha. Se conservan grabados de zodíacos primitivos en los que aparecen 16 signos en lugar de los 12 que hoy conocemos.

En el Tarot, el He está representado por el Papa, lámina nº 5. La figura del Papa simboliza la Iglesia, la fe, el amor universal.

ו 

Vav

La sexta letra-fuerza es el Vav. En ella, el potencial del He, que es vida universal, agua pura, sentimientos difusos, se interioriza, regando todo nuestro ser interno. En el orden de fenómenos naturales, puede decirse que el Vav es el agua de los ríos, procedente de las aguas dulces del He, caídas en forma de lluvia. Es, pues, esa agua que riega la tierra y que permite que todo crezca con exuberancia, tanto las buenas como las malas hierbas y, a nivel individual, tanto los buenos como los malos sentimientos.

El Vav es el agente fecundante macho, el que engendra el deseo, el que da al deseo la posibilidad material de existir. Si el He constituye la semilla de los sentimientos, el Vav representa el arraigo de esos sentimientos en nuestro interior. El Vav es un Beith a nivel emotivo y si dijimos que el Beith es el arquetipo de todos los continentes, la primera de las moradas, podemos añadir que el Vav es el que constituye en nuestro interior la casa de los sentimientos, o sea, los sentimientos han hecho nido.

Sin embargo, como letra, el Vav es un puente de enlace entre dos estados y no existe en lengua hebraica ni una sola palabra que empiece con el Vav, ya que si su función es relacionar dos estados entre sí, tiene que existir, evidentemente, un estadio previo para relacionarlo con el otro. La idea de morada de los sentimientos y de signo de enlace parecen inconciliables, pero hay que considerar la estancia sentimental como una etapa hacia un objetivo superior.

En el nombre divino, -Yod-He-Vav-He-, encontramos el Vav entre los dos Hes, transmitiendo vida. Su doble calidad de trazo de unión entre dos estados y de morada es puesta en relieve por la vinculación del Vav representa el signo de Escorpio, plaza fuerte de lo sentimientos. En el árbol sefirótico, representa al Sol-Tiphereth.

En el Tarot, el Vav está representado por la lámina nº 6 que lleva el nombre de El Enamorado. En ella aparecen tres figuras representando a un hombre indeciso entre dos mujeres.

 ז

Zain

La séptima letra-fuerza es el Zain. Su símbolo es una flecha disparada al aire, virtualmente capaz de dar en todos los blancos. Por ello dicen los cabalistas que el Zain es una fuerza disparada a todo lo posible. En el Zain, el deseo que el Vav ha encerrado en su recinto, se dispara; es decir, se exterioriza, lanzando al individuo a la conquista del mundo. No se trata aquí de recuperar el pasado, como sucede en el estadio Vav, donde las nostalgias del ayer son activísimas, sino de conquistar, pieza por pieza, lo que se pone por delante, sea lo que sea, porque el deseo no es una fuerza selectiva, sino una fuerza que se expande englobándolo todo indiscriminadamente. El individuo movido por el Zain será como esa flecha disparada al aire y que lo mismo puede caer en uno que en otro objetivo.

Vemos, pues, en el estadio agua, como el He ofrece la materia prima con la que elaborar el deseo. En el estadio Vav, el deseo se concentra, se constituye en fuerza interior oscura y fecundante. En el estado Zain, el deseo se dispersa, se diluye, dejando de ser fuerza para convertirse en objeto creado por esa fuerza. Es decir, el amor que en el estadio Vav es un sentimiento que transita por el interior, en el Zain se ha convertido en conquista de una persona, de un objeto, y en esa conquista queda agotada la fuerza interior.

En el orden zodiacal, el Zain corresponde al signo de Piscis. En el orden sefirótico, el Zain corresponde a Netzah-Venus. Esa doble vinculación nos permite comprender mejor la naturaleza de esta fuerza llamada Zain. De Piscis le viene su cualidad multiplicadora del deseo, puesto que Piscis representa la etapa de exteriorización del agua-sentimientos. De Netzah le viene su capacidad formadora o configuradora de una realidad; le viene su preciosismo, la búsqueda del detalle suntuoso, del lujo, del placer refinado. Le viene de Netzah la esperanza de encontrar la belleza en toda conquista, y de ahí el afán de ir a por todas, de no despreciar ninguna aventura posible. Así, el deseo se embellece, se convierte en expresión artística, se ennoblece y, al ennoblecerse, se justifica a los ojos del propio interesado, de modo que la etapa Zain será multiplicadora de vivencias; el individuo no se sentirá atado a nada, ya que todo compromiso, toda fidelidad, limitaría forzosamente la expresión de esa fuerza que no admite limitación ni barreras.

El Zain es una fuerza en analogía con el Ghimel, pero en Ghimel era el pensamiento divino el que se exteriorizaba. Aquí es el deseo y éste está regido por el segundo aspectos de la divinidad, por Hochmah, de modo que aunque esa etapa de exteriorización pertenezca a las funciones de Binah, a este Séfira le es más difícil imponer leyes reductoras de sacrificio y limitación, dado que Hochmah no conoce límites.

 

No pudiendo imponer el sacrificio en el presente, Binah lo impondrá en el futuro, de modo que el Zain será siempre portador de abundante karma: sus aguas son las famosas aguas amargas de que hablan los cabalistas.

En el Tarot, el Zain está representado por la lámina nº 7, que lleva el nombre de El Carro. En ella vemos un jinete montado en una carroza conducida por dos caballos, uno blanco y otro negro, de los cuales sólo se ven las patas delanteras. En realidad, se trata de hipocampos, ese mítico caballo de mar que se mueve en el agua, dominio de las emociones.

ח

Heith

La octava letra-fuerza es el Heith. Su símbolo son unas balanzas portadoras de la idea de equilibrio. El Zain, con su formidable impulso liberador, lo ha desequilibrado todo y ha convertido la vida del hombre en un descomunal multicompromiso que ata a las gentes y a las cosas y todo el mundo tira de él hacia su lado, amenazando con despedazarle. Volver a una situación de equilibrio es un necesidad vital y el Heith aparece para cumplir esa función.

El Heith realiza funciones parecidas a las del Daleth, la cuarta letra que asegura la transición entre el ciclo de fuego y de agua. Pero la transición que propiciará el Heith será la del ciclo de agua al de aire. Como fuerza terminal de un ciclo, las virtudes del elemento que se va, -el agua-, se encontrarán sublimadas, de modo que en el Heith los sentimientos son pura inspiración. Por otra parte, las virtudes del ciclo que viene, -el de aire-, aparecen como un presagio, como una intuición. Lo sublime del pasado y la intuición del porvenir son dos ingredientes que elevan al individuo a las alturas del arte. El Heith abre al individuo las puertas de todos los artes pero, en particular, del arte de vivir, los errores de su pasado emotivo lo hacen prudente y la intuición de cómo han de ser las cosas en el futuro lo predisponen a concebir las leyes por las que los hombres han de regirse.

A nivel de elementos, el Heith representa, pues, la transición entre el agua y el aire. En el orden de los fenómenos naturales, el Heith representa la evaporación que el calor del cuerpo mental produce en las aguas amargas de mar-emociones-tempestuosas y encrespadas. En el ciclo zodiacal, el Heith representa la transición entre Piscis y Libra, primero de los signos de Aire. En el orden sefirótico, el Heith corresponde a Hod-Mercurio, ese centro experto en leyes y en rigor. En el Tarot, el Heith está representado por la lámina nº 8 que lleva el nombre de la Justicia. En ella vemos una matrona, imagen del segundo He, que lleva en la mano derecha una espada, símbolo del discernimiento, del elemento aire, y en la mano izquierda unas balanzas en el punto fiel.

ט

Teith

La novena letra-fuerza es el Teith, cuya imagen simbólica representa el asilo del hombre, el techo que levanta para protegerse, su coraza y, más particularmente, la mujer primordial, compañera del hombre. El Teith constituye el punto de arranque de un nuevo elemento, el aire, los deseos quedan definitivamente atrás y el germen del pensamiento es plantado. Si el Heith representa el maná cayendo del cielo, el Teith representa la fase en que el maná es ingerido por el hombre, o sea, la ley divina es implantada y, como es lógico, no puede pretenderse que el individuo actúe en sintonía con ella, puesto que aún no ha sido asimilada y digerida, pero sí puede tenerse por seguro que en el estadio Teith el hombre se aleja definitivamente de las emociones y deseos que habían guiado su vida para sintonizarse con la luz que viene de arriba.

El Teith realiza funciones parecidas al Aleph y al He, pero referidas al cuerpo del pensamiento. Es la semilla del pensamiento plantada en el hombre, la semilla que ha de hacer florecer en él esa tierra prometida abundante en leche y miel, o sea, abundante en elementos nutritivos susceptibles de producir el renacimiento del Paraíso. La utilización de la mente le permitirá, en efecto, comprender la obra divina y participar en ella positivamente, como colaborador consciente del Creador, mientras que en los ciclos anteriores, en los de fuego y agua, era instrumento inconsciente en el primero y laboraba en la oposición en el segundo. La mente protegerá al hombre contra las acechanzas de sus instintos, como si fuera una coraza, en el primer techo que él levanta para su propia protección, y de ahí el símbolo de Teith.

A nivel de elementos, representa el aire como fuerza primaria, o sea, el cuerpo del pensamiento en tanto que cuerpo, es decir, sustancia material que permite la elaboración de formas mentales, del mismo modo que la materia física nos permite la elaboración de formas físicas y materiales. En el orden de fenómenos naturales, el Teith representa el viento que transporta los gérmenes del pensamiento y los esparce por nuestra Tierra. En el ciclo zodiacal, el Teith representa Libra, signo cardinal de aire, signo de la mujer por su oposición con Aries, que es el signo del hombre. En el orden sefirótico, el Teith corresponde a Yesed-Luna y de ese centro de vida recoge la fuerza cristalizante que asegura la interiorización del maná en el hombre. En Libra tiene lugar la unión de los contrarios, de lo masculino y de lo femenino, es el "lejano Oeste" zodiacal, punto en que la luz del Este se coagula en objetos concretos. El Teith incorpora en él este aspectos de Libra y Yesod-Luna; potencia la imagen interior de la unión de opuestos.

En el Tarot, el Teith está representado por la lámina nº 9 que lleva el nombre de El Ermitaño. En ella vemos la imagen de un anciano envuelto en una capa, en la que oculta un farolillo con el que alumbra su camino. Es la luz de la razón que empieza a brillar al final de un ciclo de experiencias, ya que en el ciclo de 10 elementos, el 9 es el más viejo, produciéndose tras él el retorno a la unidad.

י

Yod

La décima letra-fuerza es el Yod. En la tabla alfabética vemos cómo el Yod encabeza la segunda fila de letras, situándose debajo de Aleph. Con el Yod se produce un retorno a la unidad, pudiendo decirse que el Yod es un Aleph interiorizado, o sea, el manantial de vida que en el Aleph es la simiente de todas las cosas, en el Yod es una fuerza que actúa desde nuestro interior y que, por lo tanto, nos da la posibilidad de crear todas las cosas. Diremos así que el Yod es un Aleph en fase He, es decir, el poder divino plantado en nuestra tierra humana que es el cuerpo físico, estableciendo así en nosotros la base racional para la comprensión de la obra divina, puesto que nada puede comprenderse si no se lleva dentro la clave que ha de permitir esa comprensión (Por ejemplo, si hemos aprendido francés, poniéndonoslo "dentro" de nosotros, entenderemos el francés que se nos habla desde el exterior).

Si el Teith representaba el punto en el camino en que el individuo ingiere el maná divino, el Yod representará el momento de la asimilación de ese maná, o sea, la incorporación del pensamiento divino en nuestro organismo físico. A nivel de elementos, el Yod es el aire en su fase de creación y transformación interna. A nivel de fenómenos naturales, el Yod representa la fase en que las semillas del pensamiento, transportadas por el aire, son aspiradas por los pulmones e incorporadas al organismo físico. En el ciclo zodiacal, el Yod representa el signo de Acuario y de ese signo hereda el poder creador que permite construir en la Tierra los modelos edificados en el cielo. En el orden sefirótico, el Yod corresponde a Malkuth, pero siendo este Séfira un Kether en un nuevo ciclo, el de las creaciones internas, de modo que después de haber elaborado el escenario cósmico a través de las diversificaciones primarias de la energía del Aleph, Kether iniciará con el Yod la fase en que su creación elabora a su vez interiormente otra creación a imagen y semejanza de la primera.

En el Tarot, el Yod está representado por la lámina nº 10, que lleva el nombre de la Rueda de la Fortuna. En ella vemos la imagen de un monarca de faz simiesca, coronado en la cúspide de la Rueda, que es precipitado hacia abajo, al tiempo que eleva a otro personaje que se encontraba en el cuadrante de ascenso de la Rueda.

ל

Lamed

La duodécima letra-fuerza es el Lamed En el estadio Khaf hemos visto cómo se exterioriza el pensamiento con el objetivo de cambiar el orden de las cosas. Pero al final de esa experiencia el individuo se dará cuenta de que no es dando consejos a los demás que conseguirá cambiar lo que pretende cambiar, sino que será preciso poner las manos en la masa y materializar sus ideas con su propio esfuerzo. El Lamed representa esa etapa de transición entre la teoría y la práctica. Sus funciones son parecidas a las del Daleth (4) y el Heith (8), pero referidas a la transición entre el ciclo de tierra que empieza. En la tabla de letras vemos que el Lamed se sitúa debajo del Ghimel, primera letra que realiza funciones Vav, propias de Binah. El Lamed se encontrará igualmente bajo la jurisdicción de Binah en este nuevo ciclo de creaciones y será el segundo He de Ghimel, o sea, el resultado práctico de la acción divina expresada a través de Ghimel. Este resultado práctico ha de impulsar al hombre a realizar una obra concreta en la Tierra, como Dios la realiza en el cielo. En el ciclo zodiacal, el Lamed corresponde a la transición entre Géminis y Capricornio, primer signo cardinal de Tierra.

En el Tarot, el Lamed está representado por la lámina nº 12, que lleva el nombre de el Colgado. En ella aparece un hombre colgado de un pie de la rama de un árbol, boca abajo, con la cabeza tocando la tierra.

נ

Noun

La decimocuarta letra-fuerza es el Noun. Si el Mem representa la semilla de las construcciones materiales, el Noun significa el período en que estas semillas germinan en la tierra, dando lugar a la implantación y fortalecimiento de lo material. Si en el Mem el hombre disponía de los materiales para edificar todas las moradas, en el Noun las edificaciones ya habrán sido hechas y el hombre habrá elegido su propio recinto, viviendo en él su plena individualidad. Ahora se encuentra totalmente separado de la vida cósmica, a la máxima distancia posible de la unidad divina. El Noun representa la mitad del camino; representa el punto máximo en que el individuo puede separarse del Aleph primordial, ya que a partir de ese punto se producirá el retorno hacia la unidad.

En el ciclo zodiacal, el Noun corresponde al signo de Tauro , del que recoge el privilegio de la plenitud física, de la belleza material, heredando de Tauro el deseo de que las cosas permanezcan tal como son, eternamente con su inalterable belleza, el bienestar que aportan, la dicha que producen al contemplarlas.

En el ciclo sefirótico, el Noun corresponde a Gueburah, del cual hereda la energía reproductora que aporta la fertilidad. En Gueburah coinciden las fuerzas que separan, y ese Séfira fue quien separó al hombre del Paraíso terrenal, y las fuerzas que unen, mediante la purificación. En el Noun actúan las que separan, creadoras de la individualidad. En la tabla de letras hebraicas que el estudiante tiene ante sí, vemos que el Noun se sitúa por debajo de He, letra que representa el amor universal, significando que ese amor se ha interiorizado en lo particular, en lo fraccionario, en lo individual y perecedero. Lo que en el He era amor de todo lo creado, en el Noun es amor de las propias posesiones; amor por lo que uno mismo ha generado, trabajado e instituido; amor por la propiedad privada, por su propio espacio físico (la persona), por el recinto en que se vive. El Noun es un He, como el Beith, como el Vav, como el Yod, en su dependencia zodiacal, pero en ninguno de esos Hes se produce con tanta fuerza el deseo de no ir más allá, de permanecer en ese esplendoroso y bonancible espacio material en el que todas las virtudes espirituales parecen confabularse para hacer que la estancia en Noun sea como vivir el cielo en la Tierra.

En el Tarot, el Noun está representado por la lámina nº 14, que lleva el nombre de la Templanza. En ella vemos a un ser alado con dos jarros, uno a nivel inferior en su mano derecha, que recoge los fluidos de otro que se derrama a nivel superior, empuñado por la mano izquierda, indicando así que la esencia espiritual pasa enteramente a los objetos materiales, a los que potencia y da realidad fantástica.

ס

Samekh

La decimoquinta letra-fuerza es el Samekh. Representa el final del ciclo de los elementos. La plenitud del Noun debe terminar porque el objetivo de la vida no es conseguir una felicidad material para el hombre, sino acumular experiencias que lo hagan perfecto. La luz, que en el Noun se encontraba profundamente enterrada en la materia, se exterioriza en el Samekh y fecunda la imaginación. Cuando la fase Samekh se encuentra activa, las piedras y toda la naturaleza despiden destellos y el hombre dice que allí yace oculto un principio que ha de permitirle comprender la unidad de todas las cosas. Empieza así a analizarlo todo, a dudar de todo cuanto había creído hasta entonces, a someterlo todo al ojo escrutador del microscopio. La materia le sirve para desentrañar una verdad que está más allá de sí misma.

En el ciclo zodiacal, el Samekh corresponde al signo de Virgo y de él hereda sus virtudes escrutadoras y la capacidad de análisis intelectual, así como el afán de superación de una realidad material que ya no satisface, como ocurría bajo la égida del Noun. En el ciclo sefirótico, el Samekh corresponde a Tiphereth y de él hereda la luz que ha de permitirle desentrañar el misterio de la naturaleza, así como la voluntad que le permitirá perseverar. En la tabla de letras hebraicas vemos como el Samekh se sitúa por debajo del Vav. Vimos al estudiarlo que éste era el creador del deseo. Aquí, la fuerza del Vav se vuelve positiva y recrea en la imaginación.

El Vav era la vía de comunicación entre la luz y las tinieblas; el Samekh es la vía de encuentro entre los conocimientos científicos y los conocimientos espirituales. En el Samekh el sabio de laboratorio y el iniciado a los sublimes misterios del cosmos se dan la mano.

En el Tarot, el Samekh está representado por la lámina nº 15, que lleva el nombre de El Diablo. En ella vemos a un diablo que se yergue sobre una piedra cónica, con dos figuras humanas desnudas atadas a esa piedra con una cuerda anudada alrededor de sus cuellos. Es una imagen del hombre encadenado a las realidades materiales y a las fuerzas superiores.

ע

Ayn

La decimosexta letra-fuerza es el Ayn. Representa la transición entre el ciclo de la Tierra que ha finalizado con el Samekh y el nuevo gran ciclo que comienza con el elemento fuego. Esta transición es la más dolorosa a que pueda verse sometido un ser humano. Hemos visto que el Daleth (4), el Heith (8) y el Lamed (12) representaban también una transición, pero se trataba en ellas del acceso a un mundo superior y el hombre abandonaba sin pena algo que ya no podía satisfacerle, con la esperanza puesta en algo mejor. Aquí, con el Ayn, se trata de abandonarlo todo, porque el espíritu no puede heredar la materia. Lo que hace el Ayn es incorporar al gran ciclo que empieza los valores morales y la quintaesencia de las experiencias vividas en el ciclo que termina.

En el ciclo zodiacal, el Ayn corresponde a la transición entre Virgo y Aries, signo de un ciclo. En el orden sefirótico, corresponde a Netzah en su segundo período de manifestación, que corresponde a la interiorización de la belleza, de modo que el Ayn recoge toda la esencia de un gran período experimental y toda la belleza de un centro de vida en el que repercuten las esencias de los Séfiras de arriba, solicitando su entrada en el mundo de formación, en el que todo adquiere una forma precisa y un contorno definido. En la tabla alfabética, el Ayn se sitúa debajo de Zain. Vimos que el símbolo del Zain (7) es una flecha disparada a todos los blancos posibles. El Ayn representa el objetivo sublime de esa flecha, el punto en que debe dar la diana, orientando los deseos múltiples hacia la espiritualidad.

En el Tarot, el Ayn está representado por la lámina nº 16, que lleva el nombre de la Torre Fulminada. En ella vemos una torre decapitada por un rayo y dos personajes que se encontraban en la cima son precipitados al vacío. La escena expresa con bastante propiedad lo que hemos apuntado sobre el Ayn.

צ

Tsade

La decimoctava letra-fuerza es el Tsade. Vemos en la tabla que el Tsade se sitúa al final del segundo ciclo sefirótico, correspondiente a Yesod-Luna, el centro productor de imágenes. Las primeras nueve letras representan en conjunto la fase Yod, auspiciada por kether, y en ella asistimos al despliegue de la voluntad, creadora de todas las cosas. El segundo ciclo de letras, que van de la 10 a la 18, representan, en conjunto, la fase He, auspiciada por Hochmah, en la que la sabiduría-amor instituye en los deseos de la semilla de la voluntad. La siguiente etapa, el Vav, será de formación, actuando sobre la realidad física.

El Tsade, encontrándose en la etapa final de la interiorización, es, por así decirlo, la puerta por la que lo de dentro se vacía hacia afuera, o sea, que el Tsade anuncia la aparición de fenómenos en el terreno físico. Al hablar del Teith (9) dijimos que representaba la mujer, compañera del hombre. Siendo, pues, el Teith el eterno femenino, el Tsade representa la madre, portadora del fruto de próxima exteriorización, de modo que, en un sentido amplio, el Tsade anuncia la facultad de parir.

En el Tarot, el Tsade está representado por la lámina nº 18, que lleva el nombre de la Luna. En ella vemos una imagen de la Luna con dos perros ladrándole, mientras en un estanque el cangrejo lunar anuncia la existencia de una vida subterránea.

ק

Qof

La decimonovena letra-fuerza es el Qof. Con ella se produce un nuevo retorno a la unidad, ya que 1+9=10. Se inicia así el tercer ciclo de letras, regido globalmente por Binah. El Qof, como el Yod, corresponde a Malkuth-Kether. El soplo primordial del Aleph se ha interiorizado en el Yod, y en el Qof es fuerza expansiva controlada, creadora de un nuevo universo. Si en el Yod, Kether y Hochmah colaboran, uno para prestarle su fuerza expansiva y el otro para fijarla en el interior, en el Qof se encuentran activas las virtudes de Kether, que lo rige, y las de Binah, rectora del tercer ciclo, es decir, la semilla productora de todas las cosas y el receptáculo fecundo que ha de producirlas. La forma latina de la letra Q es la expresión gráfica de este proceso generativo, ya que en ella encontramos el falo que penetra en el círculo que representa la matriz cósmica. Así pues, el Qof recoge la fuerza que en el Aleph se desparrama en todas direcciones y la proyecta hacia un objetivo concreto. El Qof es un Aleph en fase Vav y, como tal, como fuerza dependiente de Binah, tendrá que reducir la intensidad de su luz para expresarse en el mundo material.

En el Tarot, el Qof está representado por la lámina 19, que lleva el nombre del Sol. En ella vemos un Sol que derrama unas gotas de rocío-maná sobre la tierra, donde se encuentran dos niños inocentes, imagen de la inocencia reconquistada tras el período de cristalizaciones emotivas, que termina con el Tsade. La imagen no puede expresar mejor las ideas que desarrolla el Qof, puesto que el Sol, desde la perspectiva de nuestra tierra, es el centro productor de toda vida.

Notemos que el Qof es la letra que encabeza la palabra Cábala, que a efectos sonoros se escribe indistintamente con C o con K, pero cuya ortografía correcta es Cábala, que se traduce por tradición. Vemos así que esa tradición no es una simple transmisión del conjunto de leyes cósmicas, sino que es también una Creación en el más elevado sentido de la palabra.

Trata de asociar a continuación, el significado de la letra hebrea con el correspondiente Arcano.

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